MISCELÁNEA

Por que no hay apenas obesidad en Japón

Cada vez que sales a caminar sin rumbo, para cumplir tus horas de cardio de larga duración, en tus exigentes y estrictos días de ayuno no puedes evitar fijarte. La mayoría de la gente tiene sobrepeso, y muchos de ellos tienen obesidad.

Caminan jactándose en grupos, mientras comen algún producto (que no alimento) enfundados en sus tallas extragrandes, diseñadas con el único propósito de que puedan seguir comiendo sin que nada les apriete. Sin embargo, como fan radical que eres del anime, manga y los JRPG, así como todo lo que lleva marcado Japón intrínsecamente en su identidad, sabes a ciencia cierta que en ese país, cuna del mejor coche que jamás existirá (Honda Civic), la obesidad y el sobrepeso es casi inexistente. Y llevas razón.

El motivo fundamental por el que los japoneses se mantienen delgados y físicamente saludables (mentalmente no, es obvio) es porque conciben la comida como un factor cultural propio sustancial, y asumen su relación con ella como algo imprescindible para la buena salud, creando mecanismos desde la infancia para concienciar al individuo.

Pero hay cosas que te sorprenderán: ¿Sabías que tienen una ley que penaliza la obesidad? ¿Qué la conciben como algo grotesco signo inequívoco de la falta de autocontrol (como al ludópata o drogadicto)? ¿Qué protegen su cultura en todos los aspectos incluida la alimentación tradicional basada en los productos locales?  ¿Qué a los niños desde pequeños les implican en la hora del comedor como si fuera una asignatura más?

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LA MULTIFACTORIALIDAD DE LA ALIMENTACIÓN JAPONESA

No puedo venir aquí y decirte que las japonesas usan la talla 34 hasta que mueren porque no comen trigo o detestan los dulces. Hacer eso sería simplificar algo tremendamente complejo, pero por otra parte para analizarlo en detalle tendría que escribir otro libro. Por eso, haremos un breve y conciso resumen de los factores más importantes a la hora de condicionar la alimentación japonesa:

Los japoneses no ven la comida como los occidentales y sobre todo mediterráneos. No hacen su vida alrededor de la comida. No relacionan cualquier actividad lúdica o social con la comida. Comen para vivir y punto. No entienden el ritual de la comida. Seguro que estás cansado de verlos comer en el metro, por la calle andando o en el aula, en todos esos animes que no paras de ver.

Los japoneses sienten que todo puede ser arte y belleza, incluida la alimentación, y quieren ser creadores de sus propias obras culinarias. No es extraño que mientras en Europa los grupos de adolescentes queden en el restaurante fast food típico, en Japón se reúnen para preparar minuciosamente unos sushis o unas galletitas con cara de gato. No con el objetivo de comerlas, sino con el de agasajar o mostrar al resto sus habilidades.

Los japoneses tienen una fuerte cultura propia, que los poderes estatales y la sociedad no para de reforzar. Para los japoneses es extraño, insalubre e incluso vergonzoso comer de otra manera que no sea la manera japonesa: productos locales con recetas locales. Por eso incluso las cadenas de comida rápida intentan «japonizar» sus productos en sus establecimientos allí situados.

La base de la alimentación japonesa es el arroz, el pescado y las infusiones. Comen muy pocos cereales y apenas tienen dulces. Además, los japoneses están acostumbrados a ayunar, y es muy habitual en su cultura saltarse comidas y aplazarlas poniéndolas en la noche.

Los japoneses tienen un alto control de si mismos. Comer de una manera descontrolada es vergonzoso y aberrante, igual que sería hacer cualquier otra cosa dejándose llevar por un impulso primario injustificado. Su imagen siempre debe ser de control. Esto implica que sus raciones alimentarios son pequeñas y estéticas, y son ingeridas con tranquilidad y autocontrol.

Estos son algunos de los motivos que hacen que los japoneses y japonesas se mantengan esbeltos, delgados, sanos y rentables para el sistema de salud nacional durante muchos años. Sin embargo existen dos factores, que superan en importancia y significación al resto…




EDUCACIÓN EN LA INFANCIA

La ley Shokuiko (食育, literalmente «educación alimentaria») tiene sus orígenes durante el siglo XX, cuando las cadenas occidentales de alimentación empezaron a llenar el mercado japonés de comida basura. El gobierno, viendo el alcance que podría llegar a tener esta nueva tendencia, y viendo la decadencia en la que se estaba hundiendo occidente, decidió tomar cartas en el asunto. Así que de la mano de Sagen Ishizuka, un famoso médico militar experto en nutrición se empezaron a diseñar las primeras características del plan.

En 2005, fue publicada la ley básica de Shokuiko y luego vinieron más. Esta ley y todas las que se desarrollaron en el marco de la «sanidad educacional» tenían por objetivo enseñar a los niños japoneses cual era la mejor manera de alimentarse y porqué. Algunas de las medidas que se tomaron, y siguen aún vigentes son:

Las escuelas tienen la obligación de tener nutricionistas formados y titulados.
Los menús de las escuelas están basados en los alimentos locales y ofrecen recetas típicas japonesas.
Las escuelas dan clases de alimentación.
Prohibición de máquinas de comida en los colegios (si las hubiera tienen que pasar unos controles).
Se promueve la cultura social japonesa a la hora de comer: Los alumnos preparan el aula, preparan platos para compartir y comparten sus experiencias culinarias unos con otros.
Promoción del deporte en horas extraescolares, viéndose como algo natural y no solo un hobby durante la infancia y adolescencia.

Pero esta ley va más allá. El kanji iku (育), no solo significa educación como algo que se memoriza. La referencia en este caso es más a una parte moral del aprendizaje de como comer.

A nivel profundo, la filosofía de esta ley implica la moralidad y los valores tradicionales japoneses a la hora de comer, que las generaciones anteriores a la globalización tenían de manera innatamente aprendida.


CONTROL EN LA MADUREZ

Por si no te quedaba claro la aversión que tienen los japoneses con la obesidad, en el año 2008 se publicó la Ley Metabo. En este caso, el objetivo de la ley es promover la salud en los adultos, desde sus lugares de trabajo.

En sus puestos de trabajo, los japoneses que tengan entre 40 y 75 años, por ley, deben hacerse una medición de la cintura. Y aunque los estándares son algo laxos, las medidas de cintura no pueden superar los 94 cm en hombres y los 80cm en mujeres (son las medidas a partir de las cuales la OMS considera peligrosa la obesidad).

Cuando algún empleado no cumple con las medidas, la empresa tiene la obligación de ofrecer al trabajador planes de formación, actividades y un abanico de soluciones para contribuir a la salubridad del sujeto.

Además, en el pack de medidas de la Ley Metabo, se incluyen la concienciación de los empleados por el uso de las bicicletas, así como facilitar su adquisición, se fomenta el acudir al trabajo caminando, y sobre todo, se concretan descansos en las jornadas laborales dónde el empleado pueda hacer alguna actividad física, siendo normal que haya pequeños gimnasios o salas de deporte en las oficinas.




CONCLUSIÓN

La obesidad es una enfermedad y la solución no es hacer tallas más grandes, ni poner impuestos a los productos que más la fomentan. La solución una vez más son la información y las medidas preventivas. Y dar herramientas y tiempo a las personas.

Mientras que la cultura consumista occidental, no para de potenciar ciertos tipos de enfermedades, con el afán de promover el consumo incesante de productos, mal llamados alimentos, en sociedades como la japonesa no dan su brazo a torcer. A día de hoy, es relativamente fácil ver como existen figuras importantes en la redes sociales, que de manera ignorante, y respaldadas por multinacionales y movimientos pseudo-políticos de minorías, suben fotos, que bajo los mil filtros de Instagram, esconden una obesidad, que la indulgente y farisaica masa social tilda de natural y saludable.

¿Cómo puede ser saludable física o mentalmente una persona que no es capaz de subir 2 pisos por las escaleras? ¿Hasta cuándo piensan sacrificar su salud y posponer el funcionamiento de su disciplina amparados bajo la hipocresía general? ¿Cuándo descubrirán estas personas que la moral tiene criterios estéticos?

Sin embargo, en Japón no están dispuestos a sacrificar su salud y su cultura potenciando el fomento del consumo compulsivo de alimentos. Tendrán un índice de suicidios elevado, sí, tendrán una obsesión compulsiva con el trabajo, y un concepto absurdo del honor, vale. Pero están del copón bendito.

Las chicas de los animes nunca van a ser rellenitas.

Author


Norosa